
Me baje del auto junto a mi prima Gabriela, las dos estábamos impacientes por darnos un baño en la piscina, pero como debíamos esperar a que el bloqueador se absorbiera fuimos a caminar dentro del bosque, nos dirigimos hacia donde, veranos atrás, habíamos colocado un columpio para mecernos. El tiempo se nos paso volando y habíamos olvidado las ganas de ir a bañarnos, pasaron horas y nosotras no nos aburrimos, hasta que escuchamos un hermoso canto que nos obligo a ver de donde prevenía, pasamos a trabes de unas largas ramas hasta llegar a un bello estanque con un viejo sauce que mecía sus brazos al viento. La música se podía escuchar cada vez más alto, pero no veíamos a nadie que la causara, nos acercamos al sauce y la hermosa melodía se callo, nos miramos sorprendidas y como no vimos nada diferente nos regresamos a la cabaña, pero antes de desaparecer del lugar la música volvió a reinar en el silencio, nos quedamos inmóviles y al pensar que solo se trataba de una broma seguimos caminando hacia delante, acto seguido, el sauce se movió bruscamente dejándonos tiradas en el piso, estábamos completamente estáticas, no sabíamos que hacer y nuestros ojos parecían salirse de el rostros, era algo hermoso pero muy extraño, no hacia el suficiente viento para que el sauce se meciera se esa manera, nos acercamos sigilosamente, pero algo en es extraño árbol no nos deje movernos, estaba segura que había escuchado hablar al árbol, pero este no presentabas rasgos, parecía un árbol común, pero tenia una ambiente especial, algo, que lo hacia diferentes
-Escuchaste eso- Le dije a Gabriela
-¿Qué cosa?- Respondió, pero un ruido le obligo a callar
-Eso- Respondí
-Si, pero no debe ser nada, ¿Verdad?-
-Como que nada- Dijo la voz que nos produjo un enorme escalofríos, miramos nuestro alrededor y lo unció que había era ese gran sauce
-No se asuste niñas, yo no les haré nada- Dije bellamente el sauce
-Pero, los arboles no hablan, ¿que eres?-
-Yo no soy un árbol, soy una mujer, verán… Hace muchos años, yo y mi marido llegamos a este bosque luego se sobrevivir a la guerra, el estaba muy herido y al ser este un pueblo abandonado en aquellos años tuvimos que…-
-Hace cuanto estas aquí- Interrumpió Gabriela-
-Hace 120 años- Dijo tristemente
-Pero eso es demasiado tiempo, como sucedió- Dije
-Espera a que te cuento. Nosotros llegamos muy mal a este lugar, mi marido Eduardo estaba en sus ultimas horas, pero yo no podía dejarlo solo, recurrí a la única persona del pueblo, se llamaba Leonora, nunca supe de donde vino, pero ella conocida mejor que nosotros el lugar, me dijo que podía ayudarnos, pero el precioso seria caro, yo le dije que estaba dispuesta a todo por el y al escuchar mi respuesta me lanzo un hechizo que sanaría a mi marido, pero la consecuencia era que yo quedase así para siempre, como un viejo y triste árbol. Eduardo nunca supo lo que me paso, pero cada día su estado iba mejoraba, al notar mi desaparición y al no encontrarme tras 4 años de búsqueda el perdió las esparzas de encontrarme vida. Luego de un tiempo el conoció a una hermosa joven, se casaron y tuvieron 2 hijos, con los que se mudo hasta esta cabaña, yo lo seguía amando, pero como veía que era feliz aceptaba su relación. Un día el llego hasta mis raíces en busca de madera, cada vez que pasaba junto a mi se detenía y miraba cada una de mis ramas, yo empecé a creen que me reconocería, hasta que por fin un día me atreví a hablarle, el me pidió perdón y no pudo creer lo que yo hice por el, todos los días iba a llorara bajo mis hojas, hasta que envejeció y el tiempo me lo quito, ahí entendí que el hechizo era para que nunca lo volvería a ver, ni siquiera cuando ambos muriésemos, estoy atrapada hasta la eternidad dentro de estas paredes de troncos, pensando como la hechizara me quito al amor de mi vida- Termino el hermoso sauce.
-Entonces Leonora lo hizo para quedarse con Eduardo- Recapacite.
-Si, pero almenas el no murió por causa de las heridas de la guerra- Dijo.
-Lo extrañas, ¿No?- pregunte.
-Si, pero a veces hay que sufrir por amor- Lloro. Yo y Gabriela la rodeamos y la consolamos, hasta que llego la noche y nos tuvimos que devolver a casa para que no nos retaran, sin embargo al amanecer nos abrigamos y corrimos hacia el lago, pero el sauce ya no estaba.
-Yo creo que fue al encuentro con Eduardo- Dije.
-Si, espero que sea feliz- Completo Gabriela.